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Fundación Bancaja, la Obra Social “la Caixa” y Fundación Museo Sorolla presentan la exposición Sorolla. Un jardín para pintar

El presidente de Fundación Bancaja, Rafael Alcón, el director territorial de CaixaBank en la Comunidad Valenciana, Xicu Costa, y la directora del Museo Sorolla y comisaria de la exposición, Consuelo Luca de Tena, han presentado hoy en el Centro Cultural Bancaja la muestra  Sorolla. Un jardín para pintar, que descubre al público una faceta poco conocida del artista valenciano y su pasión por los jardines. La exposición abre sus puertas coincidiendo con el décimo aniversario de la remodelación de la sede social y cultural de la Fundación Bancaja en Valencia, inaugurada el 7 de noviembre de 2007 con la exposición Sorolla. Visión de España, que mostró por primera vez en España los 14 paneles regionales que el artista valenciano pintó para la Hispanic Society of America con sede en Nueva York. La exposición, que itineró por toda España visitando ciudades como Sevilla, Málaga, Barcelona, Bilbao y Madrid, culminó en 2009 de nuevo en Valencia junto a más obras de Sorolla procedentes de las colecciones de la Hispanic Society of America y de la Fundación Bancaja, alcanzando los dos millones de visitantes.

Coorganizada por la Fundación Bancaja, la Obra Social “la Caixa”, el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla, Sorolla. Un jardín para pintar invita a los visitantes a descubrir gran parte de la obra que el artista hizo sobre los jardines, así como conocer en profundidad la influencia de los jardines andaluces en su producción artística y en el propio jardín al que dio forma en su residencia en Madrid. Presentada en julio en CaixaForum Sevilla, la exposición incorpora en Valencia obras inspiradas en jardines valencianos.

Comisariada por Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla, con el co-comisariado de María López y Ana Luengo, la exposición está integrada por más de 120 obras entre óleos, bocetos, dibujos, esculturas, azulejos y fotografías procedentes en su mayor parte del Museo Sorolla, pero también de otras colecciones como las de la Fundación Bancaja, Museo de Bellas Artes de Valencia, Ayuntamiento de Valencia, Museo Carmen Thyssen de Málaga, Hispanic Society of America así como colecciones particulares. La exposición relata cómo Sorolla concibió su jardín de artista en su casa de Madrid y la influencia que ejercieron en su obra los patios y jardines en los Reales Alcázares de Sevilla y de la Alhambra de Granada. Además, ofrece al visitante la oportunidad de conocer cómo reflejó en su pintura los jardines valencianos.

La muestra presenta a un Sorolla maduro, que a lo largo de sus últimos años, en medio de los esfuerzos que le exige la realización del gran encargo de los murales de Visión de España para la Hispanic Society de Nueva York, encuentra el tiempo para pensar un jardín, trazarlo, plantarlo, cultivarlo y sentarse a disfrutarlo pintándolo: un Sorolla a la vez pintor y jardinero, como lo fueron otros pintores de su tiempo. La exposición pretende también llamar la atención sobre los aspectos específicamente botánicos del jardín, que son los que le prestan todo aquello que Sorolla más estimaba: color, variedad, movimiento, vida.

Con motivo de la exposición se ha editado un catálogo que, junto con la reproducción de las obras expuestas, incluye textos de Blanca Pons-Sorolla, Consuelo Luca de Tena, María López Fernández, Ana Luengo Añón, Lucía Serredi, Coro Miralles Escobio, Enrique Varela Agüí e Isabel Justo

Dentro de las actividades complementarias, se van a realizar talleres de arte gratuitos específicos. Por un lado, un taller para personas mayores que se realizará en centros de día o centros residenciales con el objetivo de acercar el arte de Sorolla a los mayores con dificultades de movilidad. Por otro lado, se realizarán dos talleres de fin de semana dirigidos a niños de 6 a 11 años en los que se realizará un recorrido de exploración con los sentidos por la exposición, que servirá a los más pequeños para tomar conciencia de las intenciones del pintor y de las emociones que intenta transmitir a través de sus obras; y se diseñará y creará un jardín Pop Up inspirado en el arte del pintor valenciano. Toda la información sobre estas actividades se puede consultar en la web de Fundación Bancaja: www.fundacionbancaja.es

La exposición se puede visitar hasta el 19 de marzo de 2018 de forma gratuita en el Centro Cultural Bancaja (Plaza Tetuán, 23. Valencia) de lunes a sábado, de 10 a 14h y de 17 a 21h, y los domingos de 10 a 14h. Se ofrecen también visitas guiadas gratuitas los viernes y sábados a las 18:30h.

ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

 Un jardin para vivir. Un jardín para pintar

En 1909, a su regreso de los Estados Unidos tras el éxito de sus exposiciones en Nueva York, Búfalo y Boston, Sorolla encarga el proyecto de su casa al arquitecto valenciano Enrique María de Repullés y Vargas. Recién obtenida la licencia para construir, en 1911, tuvo la oportunidad de comprar más terreno para ampliar el solar inicial. De este modo, reformado el proyecto, lo que iba a ser un pequeño jardín cuadrado delante de una casa rectangular, se convirtió en una casa en forma de “L”, abrazada por un jardín con la misma forma, como un yin y un yan. A esta hermosa casa se trasladó la familia a finales de 1911.

Aunque sus jardines fueron pensados para ser pintados y para disfrutarlos en familia, también debían cumplir su misión como espacio para la vida social, pues recibirían a su elegante clientela antes de adentrarse en el estudio y a los amigos más cercanos para agradables tertulias y tés, al sol o bajo el pórtico del primer jardín en invierno, y a la fresca sombra de la pérgola en verano. En vida de Sorolla el jardín no estaba todavía cercado por los altos bloques de pisos actuales. El sol lo bañaba generosamente y florecía en abundancia, regalando su perfume pero sobre todo los colores que, sin duda, Sorolla había escogido con sus ojos de pintor.

Primer jardín. Sevilla

El impacto que los jardines del Alcázar de Sevilla causaron en Sorolla es fácil de percibir por la fuerza con que algunos de los motivos de jardín sevillano se manifestaron luego en el del pintor. Los cuadros que representan el Jardín de Troya – o Rincón del Grutesco-  con su pórtico clásico, la escalera decorada con azulejo que le da acceso y la fuente de mármol se confunden fácilmente con los del propio jardín delantero, o primer jardín, de la casa de Sorolla.

Aunque este, como el patio de la casa, fue trazado por el arquitecto, se ve la voluntad de Sorolla en la elección de esos motivos. También la contundencia de los setos del Alcázar, tal como Sorolla los pinta, tiene su trasunto en este jardín, así como la brillante policromía de los azulejos que cubren el banco (sevillanos éstos, de la antigua casa Mensaque) y las contrahuellas de la escalera del pórtico, y también la forma de enmarcar el paso al segundo jardín con dos altas columnas rematadas en figuras escultóricas. La fuente de mármol, con su taza lobulada, es otro recuerdo de la del Jardín de Troya. La actual fue colocada en 1914; antes hubo otra, que nunca gustó a Sorolla y que desmontó colocando su taza redonda en el estanque del tercer jardín.

El patio andaluz

Fue trazado por el arquitecto a la vez que la casa y el primer jardín, como patio  de luces para la zona interior de la casa. La composición del patio es la tradicional en cruz, con cuatro parterres y una fuente en el centro, cuyo diseño parece directamente inspirado en una de las fuentes que Sorolla pintó en el Alcázar.

Las especies escogidas son cipreses y adelfas. A juzgar por las numerosas veces que pinta cipreses en los patios de la Alhambra es indudable que la forma de estos árboles, con su fuerte acento vertical, le produjo una poderosa atracción; una elección en principio apropiada para las reducidas dimensiones del patio, aunque nunca llegaron a lograrse bien. La adelfa, tan valenciana, llegó a tener, si hemos de creer los cuadros de Sorolla, un momento de extraordinario esplendor. Los azulejos garantizaron la permanencia del color en todo tiempo: azules de la fábrica trianera de Mensaque los de la fuente; verdes y amarillos, de la fábrica talaverana de Ruiz de luna, los de las galerías. Y la cerámica alegró siempre sus paredes, en estantes con cacharros y en numerosos cuadritos formados por azulejos antiguos enmarcados.

Segundo jardín. Roma y Granada

El segundo jardín, bisagra entre el primero y el tercero y ángulo de la L que forma el conjunto, fue el último en construirse. Seis años pasaron desde la inauguración de la casa hasta 1917, fecha en que al parecer quedó terminado.

Las primeras ideas de Sorolla muestran una planta muy cuadrada, con una gran fuente de pie alto en el centro. El deseo del pintor de colocar una pérgola transformará la planta dándole un sentido longitudinal. Finalmente la pérgola se hará en el tercer jardín y se sustituirá por una columnata, que separa los jardines segundo y tercero en la actualidad.

La planta quedó definida como longitudinal con el diseño de los parterres y el canalillo o riad  que discurre entre ellos, desde una fuente hundida de taza redonda, como las que Sorolla había visto en la Alhambra, hasta un pequeño estanque. El elemento definitivo para cerrar la perspectiva llegó con el regalo de una estatua romana, un togado que Sorolla recibió en 1916.

Todavía en 1917, en su último viaje a Granada, Sorolla busca en la Alhambra algunas ideas para su “nuevo jardincillo”, que ese mismo año queda terminado. Curiosamente, siendo el jardín que más preocupó a Sorolla, como demuestran los numerosos dibujos en anotó sus ideas, fue luego el que menos pintó.

El tercer jardín

El tercer jardín se construyó a la vez que el primero (1911). Su rasgo principal era un estanque que, con su reflejo, multiplicaría la luz de este espacio, muy encerrado por la tapia de la casa vecina y por la propia casa de Sorolla. Lo preside un grupo escultórico. En este jardín los parterres se dejaron en principio sin rebordes y durante un tiempo creció con aspecto algo salvaje.

En 1915, Sorolla acometió la reforma de este espacio para colocar una pérgola y regularizar los parterres con bordes de obra rematados con aliceres alegres de cerámica blanca y azul. Alrededor del estanque se plantaron lirios blancos y morados, rododendros, hortensias y azaleas, y en un parterre lateral alhelíes rosados que Sorolla pintó varias veces.

La pérgola se convirtió en un lugar de reunión y así la vemos en sus cuadros, con sus mesas y sillas de mimbre blanco. Sigue siendo hoy el lugar favorito de los visitantes.

Ejes, perspectivas y transiciones

El paraíso doméstico diseñado por Sorolla establece, pues, cuatro espacios claramente diferenciados: cuatro jardines, cuatro conceptos, cuatro funciones perfectamente imbricados y encadenados a través de una fuerte estructura axial. Así, los dos ejes articulados en “L” siguen la forma de la parcela y unen los jardines entre ellos mediante circulaciones en codo y visuales oblicuas que permiten un descubrimiento lento y pausado de las relaciones inter-espaciales: el jardín se van desdoblando incesantemente, desvelándose ante el espectador.

El trabajo de Sorolla residirá en desarrollar un complejo proceso proyectivo en el que el jardín salta de las dos dimensiones del lienzo a la realidad física del jardín, en un proceso de ida y vuelta que generará un sinfín de posibilidades pictóricas, fuente de inspiración para muchos de sus cuadros. Unos reducidos metros cuadrados se convertirán en infinitas instantáneas fugaces de momentos aún más transitorios, intuitivos, despreocupados, alegres; construcción intelectual de una necesidad vital del artista.

Elementos y detalles

Los jardines fluyen uno detrás de otro a través de los ejes y sus elementos focales, de sutiles perspectivas con elementos de transición y puntuación: escalones que salvan los desniveles, columnas que subrayan las conexiones entre cada jardín y su vecino, fuentes, solados, bancos y tiestos de cerámica de vivos colores. Mención especial debe hacerse a las esculturas, actores principales de la vida de jardín que, marcando ejes de perspectiva, aportan sensualidad y movimiento frente a la trama axial del jardín.

Cada uno de los detalles que aún hoy podemos ver del jardín que soñó el pintor está meticulosamente pensado por la mirada del artista, que tiene ya en su cabeza la idea de los cuadros que en él pintará cuando esté construido, plantado y florecido. Es la recuperación de la esencia de nuestros jardines en el llamado jardín neo-español, del que Sorolla será precursor.

 Las especies del jardín

Son numerosas las especies vegetales que pueden identificarse en los cuadros pintados por Sorolla y en las fotografías tomadas en su casa de Madrid. Los jardines que visita y tiene ocasión de pintar en sus numerosos viajes por España le brindan la oportunidad de descubrir el potencial estético de muchas de las plantas que posteriormente enviará a Clotilde con instrucciones precisas sobre cómo utilizarlas en su propio jardín. Estas constituyen piezas fundamentales en la composición de perspectivas y transiciones, dotando de fuerza a sus escenografías, y le permiten volver a demostrar su maestría en el tratamiento de la luz, ahora tamizada a través de las hojas de los árboles.

A esa intencionalidad estética y sensorial de las plantas utilizadas y retratadas por Sorolla se une una segunda lectura que nos habla de siglos de descubrimientos botánicos, avances en las técnicas de jardinería, esquemas de plantación heredados de otros tiempos y reminiscencias simbólicas que Sorolla fusiona con gran acierto para constituir un documento único y personal.

La tierra de las flores

Sorolla dedicó al paisaje valenciano gran parte de su producción pictórica. Aunque la mayor parte de estas pinturas están dedicadas al mar y a la playa, la huerta valenciana y la albufera tampoco escaparon a su interés. Sorolla se inspiró especialmente en los pequeños huertos de frutos y flores, que las casitas del Cabañal guardaban celosamente entre  tapias o en la parte trasera de espaldas al mar.

 

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