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Bancaja presenta en Alicante la colección de fotografías de Gabino Diego

Las mujeres y los niños…primero es una exposición de 80 fotografías de la colección privada del actor Gabino Diego, que hoy se presenta en el Centro Cultural Bancaja en Alicante, y que responde al fenómeno cultural, relativamente reciente en España, del coleccionismo de fotografías. Esta muestra protagoniza la oferta de la sede cultural de Bancaja en Alicante durante este verano al permanecer abierta al público desde el 16 de julio al 13 de septiembre. De acceso libre y gratuito, como en todas las muestras organizadas por la Fundación Bancaja como gestora de la obra social de la caja, esta exposición estará al alcance tanto de los vecinos de Alicante y alrededores como de los turistas que lleguen a la capital esta temporada estival.

Esta exposición es la tercera vez que se exhibe en España. “La primera foto que compré fue Holly, un retrato precioso de la hija de Robert Freeman, mi amigo y fotógrafo de los Beatles…. Ahí comenzó mi pasión-obsesión, algo que nunca pensé que llegara un día a ser una colección” afirma Gabino Diego. Y continúa “me ha encantado mezclar niños y mujeres españoles, finlandeses, mexicanos, americanos, guatemaltecos o belgas, dialogando todos en un mismo idioma. A los maravillosos fotógrafos españoles de los 50 y 60 con los de los 30 y 2005. Poder unir todas estas imágenes, momentos decisivos que se han ido capturando. Unas fotos que hablan y otras que responden. Fotógrafos que exploran, que buscan poesía de la vida y la encuentran a veces donde no la hay. Otros que se convierten en niños y juegan con las imágenes. O retratistas que consiguen sacar el alma de los personajes que miran a la cámara”.

Las mujeres y los niños…primero

La colección que ha ido generando Gabino Diego bajo el título Las mujeres y los niños… primero son 90 imágenes que buscan entenderse a sí mismo, o esclarecer al menos una parte de la complejidad que cada persona representa, a través de las imágenes capturadas por otros y en las que, mayoritariamente, también aparecen otros retratados. Verse reflejado en los demás para conocerse uno mismo; poseer la mirada de los fotógrafos fuera de campo y también las miradas de las personas retratadas en ellas para armar el puzzle sobre la comprensión propia e individual. La identidad es, en este caso, ese rompecabezas que se va completando con la ayuda de muchas piezas.

Una particularidad de la exposición Las mujeres y los niños… primero es que está gestada por un actor. Es una razón de peso para profundizar en la posibilidad de la alteridad como motivo coleccionista y en la creación ficticia de otros yoes homónimos que representan otros personajes o el mismo en diferentes situaciones. Es el caso de las fotografías Gabino con fans de Beatles (1995) de Robert Freeman o la de Gabino al estilo Vieitez (2006) de Keta Vieitez.

También es importante destacar la presencia del nombre propio del actor en sus títulos, pues indica que es quien encarga o adquiere la fotografía en algunos casos, y evidencia la pertenencia del actor al ámbito del teatro y el cine españoles y su necesidad de entrar y salir de su propia personalidad. Su solo nombre propio parece ser indicador suficiente para relacionarlo con el actor y, en cierta forma, con la imagen pública que proyecta. Aunque también es una oportunidad espléndida para revivir la misma vida del actor cuando era niño, del actor interpretando a otros personajes, del niño queriendo ser actor o del hombre frente al recuerdo de su infancia, cuando sabía que quería o no ser actor.

La comprensión de las imágenes: los niños, las mujeres y los hombres-niño

Las fotografías de niños representan una parte amplia y decisiva de la colección y son ejemplos para la definición de características como la inocencia, la picardía, la ingenuidad, la alegría o la tristeza. A este respecto, las imágenes de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX evocan un momento histórico difícil, de restricciones y reconstrucciones varias: ciudadanas, nacionales, plurilingüísticas, identitarias… La presencia del blanco y negro acentúa diversos sentimientos, haciendo resaltar la mirada nostálgica por una época asimismo magnificada por la plasticidad de imágenes concretas.

Esos elementos anímicos van apareciendo desgranados a través de imágenes de gran poder comunicativo que recorren casi un siglo de historia de la fotografía, desde los niños mensajeros de Lewis Hine de 1910, hasta la inquietante serenidad de Holly (1986) en la fotografía de Robert Freeman o la más reciente, los Labios integrados en la serie Orogénesis de Joan Fontcuberta (2008). Entremedias, circulamos por algunas significativas imágenes de los grandes fotógrafos españoles de los años cincuenta y sesenta, una de las épocas doradas de la fotografía documental en general y de la española en particular. Aquí cabe detenerse para reafirmar esa connotación social que lleva implícita la fotografía de fotógrafos como Francesc Català-Roca, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Ramón Masats, Xavier Miserachs, Ricard Terré, Virxilio Vieitez, Leopoldo Pomés o Carlos Pérez Siquier, que revisan un momento histórico que iría desde la casi inmediata posguerra al aperturismo abanderado por las migraciones turísticas. Unas décadas decisivas para el desarrollo social y cultural del país donde la transformación en sí misma deviene motivo de análisis y urgencia para el registro. Completan esta visión panorámica de la fotografía documental española la presencia de Cristina García Rodero, Isabel Muñoz o Alberto García Alix, entre otros. Nexos básicos que nos llevan hasta fotógrafos cuya producción se ha potenciado más desde el mundo del arte que desde otras plataformas de difusión, como es el caso de Ana Teresa Ortega, Chema Madoz o Joan Fontcuberta.

Dos imágenes ilustran con claridad la presión que ejerce el mundo adulto en los cuerpos y caras de los niños, obligados por las circunstancias a madurar sin el disfrute de su infancia. Niño, de L. Pomés (1959) capta el momento en que un niño, cargado con una garrafa sobre su hombro derecho se gira, entre estupefacto y molesto, hacia donde está el fotógrafo. La otra fotografía es Niños inmigrantes tras perder el barco a Venezuela (1960), de Alberto Martí. Dos ejemplos que cuentan las situaciones previa y posterior con la sola presencia de una instantánea.

En el amplio margen histórico abierto por este grupo de fotógrafos se pone en evidencia el cambio de rumbo de la fotografía contemporánea a nivel global, un recorrido que va desde el registro de la realidad a través de escenas corrientes de la vida de sus protagonistas, a la creación física o virtual de otras realidades más complejas. Es interesante observar esta trayectoria bajo el prisma de la representación de la niñez, que otorga una suerte de coherencia al conjunto, incluyendo algunas, como el globo Sin título. Serie Piedras de Chema Madoz.

Un segundo grupo lo conforman las fotografías sobre mujeres, algunas de las cuales están realizadas por fotógrafas, que en general potencian su lado más sensual, indicando el interés del coleccionista por un tipo de mirada concreta sobre las mujeres y su relación con ellas a lo largo de las diferentes edades del hombre: infancia, adolescencia, madurez y vejez.

Las mujeres quedan representadas desde diferentes ángulos. La exuberancia adquiere el nombre de Adán y Eva, 2003, (Marcos López), Danza cubana, 2001, (Isabel Muñoz), Abrazo de luz, 2000, (Flor Garduño), o Sereny, 2004, (Tony Catany). La seducción se muestra en fotografías como Retrato de Elsa, 1971, (Leopoldo Pomés), Mujer, 1948, (Ana Muller) o en la S/T, 2001, de Carla Van de Puttelaar, y su metáfora queda palpable en la fotografía de Chema Madoz Sin Título, 1985, donde el triángulo de una copa de vino simula el pubis de una mujer situada detrás. La mujer es vehículo de un recorrido histórico y vital que recoge tanto la maternidad como el exotismo; la tradición religiosa y la necesidad de escapar de lazos socialmente impuestos; la voluntad de aprender y vivir sin la amenaza democliana de su género.

En tercer lugar, a modo de fusión de ambas tipologías anteriores, encontramos una serie de imágenes que podríamos definir como retratos de hombres-niño, necesitados de una atención casi maternal, de aspecto cuidadosamente frágil y con tendencia a dejarse llevar por sentimientos básicos. Como emblema de este concepto figura la fotografía de William Claxton Chet and his French girlfriend, de 1954; pero también Lennon with panda, de R. Freeman (1965) y Life, de Jan Saudek (1966).

Las mujeres y los niños… primero es una muestra que opta por un recorrido narrativo donde las sucesivas imágenes crean una historia nueva, nunca antes vista de esta forma y que recuerda el modo secuencial de un story-board. El paso previo para una película, banda sonora o diálogos pero cuyas imágenes sueltas, individuales, generan un modo de entenderlas y de comprender su historia. La esencia del montaje cinematográfico transportado al orden secuencial de unas fotografías dispares en su temática y en su momento de realización que quedan “igualadas” por su formato y su presentación. Esta colección es un relato formándose, escribiéndose en cada nueva adquisición.

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