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Bancaja y el IEE presentan el estudio ‘La investigación y la innovación en España’

El Instituto de Estudios Económicos y Bancaja han presentado el estudio “La investigación y la innovación en España. Resultados y recursos en un marco comparado”. En el acto han estado presentes José Luis Feito, Presidente del IEE, Juan E. Iranzo, Director General del IEE, Javier Quesada, Vicepresidente de la Fundación Bancaja, y Luis Gámir, coautor del libro, junto a Pedro Durá.

José Luis Feito ha sido el encargado de abrir el acto de presentación del estudio, patrocinado por Bancaja. A continuación, Juan E. Iranzo ha resaltado que el crecimiento de los recursos destinados a actividades de I+D+i debería ser uno de los principales objetivos de una política económica que persiguiera el incremento de la productividad y del crecimiento económico a medio y a largo plazo. Sin embargo, lo importante no son los recursos que se destinan al I+D+i, sino los resultados que se generan, de muy distinta naturaleza y con impactos diversos sobre la competitividad y sobre el crecimiento.

Luis Gámir, junto a Pedro Durá, expone en el estudio que el nexo que une las actividades de I+D y el crecimiento potencial de las economías reside en la difusión de las innovaciones que generan estas actividades. Aquellos resultados que están más vinculados al desarrollo tecnológico, como las patentes, estarán más estrechamente relacionados con los procesos innovadores que los resultados más vinculados con la investigación básica. Además, ha expuesto el tipo de resultados que obtienen los países de sus políticas científicas y tecnológicas, dependiendo de cómo se distribuyan los recursos globales entre los diferentes sectores institucionales.

Por unidad de gasto en I+D, España genera menos patentes pero más artículos científicos que la media de la UE. Por tanto, sin analizar supuestos adicionales, no se puede afirmar que España utiliza más o menos eficientemente los recursos que destina a I+D que la media europea, pero sí se detecta una orientación de nuestro sistema de ciencia y tecnología mucho más especializado en la generación de artículos científicos que en la obtención de patentes en comparación con Europa. Este resultado plantea la cuestión sobre si la actual orientación de nuestros recursos es la que más se adecua a las necesidades y preferencias de la economía y de la sociedad españolas. Del estudio empírico se desprende que, para un mismo nivel de gasto en I+D, cuanto mayor es el porcentaje del gasto total que ejecuta el sector empresarial mayor es el número de patentes obtenidas y menor el de publicaciones. Por otra parte, también se constatan grandes diferencias en el esfuerzo relativo que realizan los países en I+D, mediante un análisis empírico para detectar algunas de las variables que influyen en el esfuerzo investigador relativo de los diferentes países. En este caso, la variable más importante para explicar este comportamiento es la del PIB per cápita, encontrando que, a mayor nivel de desarrollo, mayor es el esfuerzo que los países destinan a actividades de I+D.

Cuando desglosamos por sectores, observamos que el PIB per cápita tiene capacidad explicativa tanto en el gasto en I+D de las empresas como en el de las universidades. En todo caso, lo que realmente genera efectos sobre la productividad, la competitividad y el crecimiento potencial a largo plazo es la difusión o el uso de nuevas tecnologías e innovaciones. Por tanto, el ritmo de adopción de nuevas tecnologías se convierte en variable clave para explicar el comportamiento diferencial que experimentan las economías, una vez que han alcanzado cierto nivel de desarrollo. De este modo, las economías más dinámicas serán las que apliquen las nuevas tecnologías con mayor rapidez y extensión. En el caso de España, la capacidad innovadora sufre un importante retraso algo menor que en el caso del gasto en I+D pero, quizás, más preocupante, pues, a diferencia del gasto en I+D, no muestra tendencia clara a recortar diferencias.

También se puede relacionar el esfuerzo en innovación con el PIB per cápita. El resultado es similar: existe una relación positiva, lo que supone que los países más avanzados son los que tienen mayor capacidad innovadora. En este ejercicio, la situación española también sería similar a la del gasto en I+D. Así, el esfuerzo español en innovación no es solo inferior a la media europea sino que también es inferior al valor teórico que le correspondería de acuerdo con nuestro grado de desarrollo.

En lo referente a la relación entre los modelos de crecimiento, la crisis y la I+D+i, se ha empezado por analizar el patrón de crecimiento 1996-2007, dividiéndolo en siete «intensidades» básicas (trabajo, construcción, déficit exterior, endeudamiento privado de las familias y empresas, inflación relativa, asignación de recursos en sectores no comercializables y bienestar social), acompañadas por dos «no intensidades» (déficit público y valor añadido por trabajador). De este análisis se desprende que: a) contra lo que se suele decir, no parece lógico presentar este modelo como «el del ladrillo»; y b) era coherente con la totalidad de ese patrón de crecimiento el hecho de que el desarrollo fuera poco intensivo en I+D y en innovación. A la crisis económica se la puede caracterizar como «lo mismo pero al revés» que el periodo de crecimiento 1996-2007. Se analizan sus «intensidades» básicas (paro, crisis en la vivienda, recesión, déficit público y caída del bienestar social) y sus «ajustes» (déficit exterior, inflación relativa y ajuste financiero).

En todo caso, por el momento, no se ha iniciado un proceso de crecimiento intensivo en desarrollo tecnológico. El modelo ante la crisis debe ser más intensivo en valor añadido por trabajador, en exportación y en innovación, y en I+D empresarial, más que en I+D en general.

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